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RWANDA: BREVE HISTORIA DEL PAÍS
La población de Rwanda, que asciende
a más de siete millones de habitantes, está dividida
en tres grupos étnicos: los hutus (que representan prácticamente
el 85% de la población), los tutsis (14%) y los twas (1%).
Antes de la época colonial, los tutsis
generalmente ocupaban el estrato superior en el sistema social y
los hutus el inferior. No obstante, existía la movilidad
social; un hutu que adquiría un número importante
de cabezas de ganado u otras riquezas podía ingresar al grupo
de los tutsis, mientras que un tutsi empobrecido era considerado
un hutu. También funcionaba un sistema de clanes y el clan
tutsi denominado Nyinginya era el más poderoso. Durante el
decenio de 1800, el clan Nyinginya expandió su influencia
mediante la conquista y el ofrecimiento de protección a cambio
de tributos.
Comienzo del conflicto étnico
La ex potencia colonial, Alemania, perdió
la posesión de Rwanda durante la Primera Guerra Mundial y
el territorio pasó a manos de la administración belga.
A fines del decenio de 1950, durante la gran ola de descolonización,
se intensificaron las tensiones en Rwanda. El movimiento político
hutu, que se vio favorecido por ser la mayoría, fue ganando
poder, mientras que algunos segmentos del sistema tutsi se resistieron
a la democratización y la pérdida de sus privilegios
adquiridos. En noviembre de 1959, un incidente violento desencadenó
una revuelta hutu en la que resultaron muertos cientos de tutsis
y hubo miles de desplazados que se vieron forzados a huir a países
limítrofes. Fue el comienzo de la denominada “Revolución
Campesina Hutu”, o “revolución social”,
que tuvo lugar de 1959 a 1961 y significó el fin de la dominación
tutsi y la intensificación de las tensiones étnicas.
En 1962, cuando Rwanda obtuvo la independencia, 120.000 personas,
principalmente tutsis, habían buscado refugio en los Estados
vecinos para escapar de la violencia que había acompañado
el ascenso gradual al poder de la comunidad hutu.
Tras la independencia se produjo un nuevo
ciclo de violencia y conflictos étnicos. Los refugiados tutsis
que se encontraban en Tanzanía y Zaire querían recuperar
su posición anterior en Rwanda, por lo que comenzaron a organizar
y perpetrar ataques contra objetivos hutus y el Gobierno hutu. Entre
1962 y 1967 ocurrieron diez de esos atentados, que a su vez provocaron
asesinatos por venganza de un elevado número de civiles tutsis
en Rwanda y generaron nuevas olas de refugiados. A fines del decenio
de 1980, había alrededor de 480.000 refugiados rwandeses,
principalmente en Burundi, Uganda, Zaire y Tanzanía. Continuaron
exigiendo el cumplimiento de su derecho consagrado en las leyes
internacionales de regresar a Rwanda, pero el entonces Presidente
de Rwanda, Juvenal Habyarimana, consideró que las presiones
demográficas ya eran demasiado grandes y que las oportunidades
económicas eran demasiado escasas para acoger a grandes cantidades
de refugiados tutsis.
La guerra civil
En 1988 se fundó el Frente Patriótico
Rwandés FPR en Kampala (Uganda) como movimiento político
y militar con el propósito expreso de conseguir la repatriación
de los rwandeses en el exilio y reformar el Gobierno rwandés,
lo que incluía el ejercicio del poder en forma compartida.
El FPR estaba compuesto principalmente por exiliados tutsis en Uganda,
muchos de ellos ex integrantes del Ejército de Resistencia
Nacional del entonces Presidente Yoweri Museveni, que había
derrocado al anterior Gobierno ugandés en 1986. Aunque algunos
de los integrantes del FPR eran hutus, la mayoría, en especial
los dirigentes, eran refugiados tutsis.
El 1º de octubre de 1990, el FPR lanzó
un ataque de gran envergadura contra Rwanda desde Uganda, con una
fuerza de 7.000 combatientes. Debido a los ataques del FPR, que
desplazaron a miles de personas, y la política de propaganda
deliberada del Gobierno, los tutsis que se encontraban en el país
fueron calificados de cómplices del FPR y los miembros hutus
de los partidos opositores fueron calificados de traidores. Los
medios de comunicación, en especial la radio, continuaron
difundiendo rumores infundados, lo que exacerbó los problemas
étnicos.
En agosto de 1993, como fruto de los esfuerzos
de la Organización de la Unidad Africana (OUA) y los gobiernos
de la región para establecer la paz, se firmó el Acuerdo
de Paz de Arusha, que aparentemente puso fin al conflicto entre
el entonces Gobierno dominado por hutus y el opositor Frente Patriótico
Rwandés (FPR). En octubre de 1993, el Consejo de Seguridad
estableció la Misión de Asistencia de las Naciones
Unidas para Rwanda (UNAMIR) con un mandato que abarcaba el mantenimiento
de la paz, la asistencia humanitaria y el apoyo general al proceso
de paz.
Sin embargo, la voluntad de establecer y
mantener la paz se vio socavada desde el comienzo por algunos de
los partidos políticos rwandeses que participaron en el Acuerdo.
Los consiguientes retrasos en su aplicación provocaron que
las violaciones a los derechos humanos se generalizaran y se deteriorara
la situación de la seguridad. Posteriormente, se demostró
en forma irrefutable que los extremistas de la mayoría hutu,
mientras hablaban de paz, estaban planeando en realidad una campaña
para exterminar a los tutsis y los hutus moderados.
El genocidio
El 6 de abril de 1994, el fallecimiento
de los Presidentes de Burundi y Rwanda en un accidente aéreo
provocado por un ataque con cohetes desencadenó grandes masacres
sistemáticas que se prolongaron por varias semanas. Las matanzas,
en las que se calcula que fallecieron aproximadamente un millón
de personas, impactaron a la comunidad internacional y fueron actos
evidentes de genocidio. También se estima que entre 150.000
y 250.000 mujeres fueron violadas. Algunos miembros de la guardia
presidencial comenzaron a matar civiles tutsis en una zona de Kigali
cercana al aeropuerto. Menos de media hora después del accidente
aéreo, las milicias hutus, a menudo asistidas por la Gendarmería
(policía paramilitar), montaron barricadas para identificar
a los tutsis.
El 7 de abril, Radio Televisión Libre
de Mille Collines (RTLM) difundió un programa en el que se
responsabilizaba del accidente aéreo al FPR y a un contingente
de soldados de las Naciones Unidas, y se incitaba a eliminar a las
“cucarachas tutsis”. Horas después, la Primera
Ministra Agathe Uwilingiyimana y diez cascos azules belgas encargados
de protegerla fueron asesinados brutalmente por soldados del Gobierno
rwandés en la casa de la ministra. Del mismo modo, también
fueron asesinados otros líderes hutus moderados. Luego de
la masacre de sus soldados, Bélgica retiró el resto
de su fuerza. El 21 de abril, después de que otros países
solicitaron el retiro de soldados, la UNAMIR redujo sus efectivos
de 2.165 a 270.
La tragedia se agravó por la falta
de un compromiso decidido de reconciliación de algunos partidos
rwandeses y, sumado a esto, por la escasa respuesta de la comunidad
internacional. La capacidad de las Naciones Unidas de reducir el
sufrimiento humano en Rwanda se vio gravemente limitada por la renuencia
de los Estados Miembros a responder a la nueva situación
en Rwanda mediante el fortalecimiento del mandato de la UNAMIR y
el envío de más efectivos.
El 22 de junio, el Consejo de Seguridad
autorizó que las fuerzas dirigidas por Francia ejecutaran
una misión humanitaria. La misión, llamada Operación
Turquesa, salvó a cientos de civiles de la región
sudoccidental de Rwanda, pero también se afirma que permitió
que los soldados, los oficiales y los milicianos que participaron
en el genocidio huyeran del país cruzando las zonas bajo
su control. En otras zonas, las matanzas no cesaron hasta el 4 de
julio de 1994, cuando el FPR logró el control militar de
todo el territorio rwandés.
Las secuelas del genocidio
Los oficiales del Gobierno, los soldados
y los milicianos que habían participado en el genocidio huyeron
a la República Democrática del Congo y posteriormente
a Zaire, acompañados por 1,4 millones de civiles, la mayoría
hutu, convencidos de que el FPR los iba a matar. Miles murieron
de enfermedades trasmitidas por el agua. Los ex soldados del Gobierno
rwandés también usaron los campos de refugiados para
rearmarse y orquestar invasiones a Rwanda. Los ataques fueron uno
de los factores que provocaron la guerra entre Rwanda y la República
Democrática del Congo desatada en 1996. Las ex fuerzas rwandesas
continúan operando en la República Democrática
del Congo junto a milicias congolesas y otros grupos armados. Continúan
atacando poblaciones civiles y provocando muertos, heridos y daños.
El Gobierno rwandés inició
los tan esperados juicios por genocidio a fines de 1996. La demora
se debió a que el país había perdido a la mayoría
de su personal judicial, sin mencionar la destrucción de
los juzgados, las cárceles y otras infraestructuras. En 2000
había más de 100.000 acusados de genocidio en espera
de juicio. En 2001, el Gobierno comenzó a aplicar un sistema
de justicia participativa, conocido como gacaca (que se pronuncia
ga-cha-cha), a los efectos de ponerse al día con el enorme
número de causas pendientes. Las comunidades eligieron a
jueces para que actuaran en los juicios de aquellos acusados de
genocidio que hubieran sido señalados por haber cometido
cualquier tipo de delito excepto el de planificar actos de genocidio
o violaciones. Los acusados en los tribunales gacaca fueron liberados
provisionalmente en espera del juicio. Esto ha provocado un profundo
descontento entre los supervivientes, pues consideran que es una
forma de amnistía. Rwanda continúa aplicando el sistema
judicial nacional para juzgar a quienes participaron en la planificación
del genocidio o las violaciones conforme a la ley penal normal.
Estos tribunales no otorgan libertad provisional a los acusados
de genocidio.
Los tribunales gacaca reducen la sentencia
si la persona se arrepiente o manifiesta que desea reconciliarse
con la comunidad. Esos tribunales procuran ayudar a la comunidad
a participar en el proceso de justicia y reconciliación del
país.
En la esfera internacional, el 8 de octubre
1994, el Consejo de Seguridad estableció el Tribunal Penal
Internacional para Rwanda, que cumple sus funciones en Arusha (Tanzanía).
Las investigaciones comenzaron en mayo de 1995. Los primeros acusados
comparecieron ante el tribunal en mayo de 1996 y la primera causa
se inició en enero de 1997. El Tribunal de las Naciones Unidas
tiene jurisdicción sobre todas las violaciones de los derechos
humanos internacionales que ocurrieron en Rwanda entre enero y diciembre
de 1994. Tiene competencia para procesar a los funcionarios de alto
nivel del Gobierno y las fuerzas armadas que hayan escapado del
país y que de otro modo quedarían impunes. El tribunal
ha condenado desde entonces a Jean Kambanda, Primer Ministro durante
el genocidio, a la pena de reclusión perpetua. También
fue el primer tribunal internacional en condenar a un acusado por
violación como crimen de lesa humanidad y crimen de genocidio.
El tribunal también juzgó a tres propietarios de empresas
de información acusados de usar sus respectivos medios de
comunicación para incitar al odio étnico y el genocidio.
Hasta abril de 2007, el Tribunal había dictado 27 sentencias
relativas a 33 acusados. |