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Situación actual
Existe el riesgo de que la epidemia de VIH/SIDA en Latinoamérica
y el Caribe se propague fácil y rápidamente en ausencia
de medidas efectivas.
A pesar de ciertas restricciones, la región está progresando
de manera admirable en la provisión de tratamientos y atención
médica, con Brasil encabezando este proceso.
Se estima que en Latinoamérica 1.9 millones de adultos y niños
viven con VIH, cifra que incluye 210,000 personas que se estima adquirieron
el virus en el año 2002. El SIDA causó la muerte de más
de 100,000 personas en la región durante el mismo año.
Doce países de esta región, incluyendo República
Dominicana y Haití, varios países de América Central
(como Belice y Honduras), Guyana y Surinam, poseen una tasa de prevalencia
de VIH de 1% o más entre mujeres embarazadas. En varios países
del Caribe las tasas de prevalencia de VIH en adultos solamente son superadas
por las tasas del África subsahariana.
Principal
causa de muerte
En algunos de estos países, el VIH/SIDA es hoy una de las principales
causas de muerte. Haití y Bahamas siguen siendo los países
más afectados (se estima que Haití posee una prevalencia
de SIDA en adultos de más de 6% y Bahamas de 3.5%).
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El seguimiento informativo del año 1991 al 2001 sugiere
que la prevalencia de VIH entre mujeres embarazas se ha estabilizado o
que quizás empieza a declinar en la República Dominicana,
donde se estima que la tasa de prevalencia de VIH en adultos fue de 3.5%
en el año 2001. Estos datos parecen correlacionarse con evidencia
del incremento del uso del condón entre las trabajadoras sexuales
y la disminución del número de parejas sexuales entre los
hombres.
Durante la pasada década, la proporción de hombres
y mujeres con VIH ha disminuido considerablemente a cerca de 3 a 1 en
Latinoamérica y 2 a 1 en el Caribe.
Paradójicamente, las relaciones sexuales entre hombres parecen
explicar el incremento de la epidemia entre las mujeres. Investigaciones
recientes han mostrado que un amplio porcentaje de hombres que mantienen
relaciones sexuales con hombres también tienen relaciones sexuales
con mujeres.
Aunque
los programas de VIH/SIDA que se centran en hombres que tienen relaciones
sexuales con otros hombres son esenciales, las identidades sexuales son
mas fluidas de lo que a menudo se supone, de modo que los esfuerzos preventivos
necesitan adecuarse para comprender el comportamiento bisexual (en apariencia
muy extendido pero encubierto) en esta región, al igual que en
muchas regiones de Asia.
Las prácticas sexuales de riesgo, en hombres que mantienen
relaciones sexuales con hombres, parecen abundar por toda la región.
Un estudio realizado en siete países de Centroamérica reveló
un prevalencia de VIH de 8% a 18% entre hombres que tienen relaciones
homosexuales. En varios estudios también se ha encontrado evidencia
de prácticas sexuales riesgosas en los países andinos de
Sudamérica. Ahí, la alta prevalencia de VIH entre hombres
que tienen relaciones sexuales con otros hombres va del 14% (Lima, Perú)
al 20 % (Bogotá, Colombia) y 28% (Guayaquil, Ecuador).
La mayoría de los países de la región han implantado
programas de prevención orientados a los hombres que tienen relaciones
homosexuales. Sin embargo, la calidad de estos programas varia y con frecuencia
dependen del contexto legal de los países.
En este frente, Brasil ofrece un ejemplo positivo con esfuerzos
de prevención dirigidos también a contrarrestar la vulnerabilidad,
el estigma y la discriminación que padecen los hombres que tienen
relaciones homosexuales. Otros ejemplos incluyen la prevención,
la atención médica y las actividades de asistencia en Jamaica
y Trinidad y Tobago. Sin embargo, muchas de estas iniciativas son bloqueadas
por leyes discriminatorias contra homosexuales.
La propagación del VIH por intercambio de equipo para drogas
intravenosas representa una creciente preocupación en muchos países,
en particular en Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay (en Sudamérica),
el norte de México, Bermuda y Puerto Rico (en el Caribe).
Se estima que el uso de drogas intravenosas representa 40% de las
nuevas infecciones reportadas en Argentina y 28% en Uruguay; en ambos
países, un número cada vez mayor de mujeres con VIH son
usuarias de drogas intravenosas o parejas sexuales de usuarios de drogas
intravenosas.
Ampliación
del tratamiento y de la atención médica
Brasil ha adoptado, con buenos resultados, una estrategia menos punitiva
para lidiar con el doble desafío del uso de drogas intravenosas
y las infecciones de VIH. Los programas de prevención entre usuarios
de drogas intravenosas han contribuido a un substancial descenso en la
prevalencia de VIH en esta población en muchas áreas metropolitanas.
Una encuesta nacional en Brasil ha mostrado además un incremento
en el uso de condón entre usuarios de drogas intravenosas (de 42%
en 1999 a 65% en el 2000), signo de que la educación continua y
los esfuerzos de prevención están dando frutos. Argentina
autorizó al Ministerio de Salud iniciar una política nacional
para reducir los daños por VIH/SIDA en el año 2001 y está
colaborando con Chile, Paraguay y Uruguay para iniciar planes similares.
La atención está centrándose hacia una dimensión
hasta hoy ignorada de la epidemia: la infección de VIH entre prisioneros.
Un estudio en tres prisiones urbanas de Honduras ha revelado casos de
VIH entre casi 7% del total de prisioneros y en el 5% de aquellos que
tienen de 16 a 20 años de edad (quienes por su corta edad, es probable
que hayan sido infectados recientemente). Menos del 10% de los hombres
reportó uso regular del condón.
La probabilidad de que similares patrones de transmisión pudieran
ocurrir en otros países de la región recalca la necesidad
de más investigaciones y programas sistemáticos que puedan
proteger a los prisioneros y sus parejas del VIH/SIDA. A pesar de la necesidad
evidente de trabajo preventivo sobre VIH que esté dirigido a los
internos de las prisiones, las barreras institucionales impiden el desarrollo
y la evaluación de tales programas.
Entre los factores que ayudan a la propagación del VIH en
toda la región se encuentra la combinación del desarrollo
socioeconómico desigual y la alta movilidad de la población.
El crecimiento de la epidemia de VIH en Centroamérica, por
ejemplo, se concentra principalmente entre poblaciones socialmente marginadas,
muchas de las cuales se ven compelidas a migrar en busca de trabajo e
ingresos. A menos que sean superadas, las dificultades económicas
que agobian a muchos países de la región posiblemente afianzarán
aún más un contexto socioeconómico que facilitará
la propagación de la epidemia.
Al mismo tiempo, sin embargo, la determinación de los países
por controlar la epidemia y limitar su impacto es más evidente
que nunca, así lo atestiguan los esfuerzos por proveer drogas antirretrovirales
a los pacientes con VIH.
Se estima que 170 000 personas (la mayoría en Brasil) estuvieron
recibiendo tratamientos antirretrovíricos a finales del año
2001. Países como Argentina, Costa Rica, Cuba y Uruguay ahora garantizan
acceso universal y gratuito a estas drogas a través del sector
público. Sin embargo, el acceso a estas drogas en realidad sigue
siendo desigual a través de la región en su conjunto, debido
en parte a los precios muy variables de las drogas.
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